La
parroquia fenésa de Limodre fue testigo ayer, una vez más, de la invasión
vikinga que, como es habitual, se saldó con el “secuestro” de un vecino de la
zona. La incursión se produjo en la playa de Río Sandeo, hasta la que los
invasores se desplazaron desde la vecina Río Castro.
Una
vez estos desembarcaron en la tierra a conquistar, tuvo lugar la ya habitual
fiesta de la espuma y la batalla de agua.
De
regreso ya en Río Castro, fue el turno para la cena, a base de bollos preñados
y churrasco, y para los conciertos de los grupos Pasión y Malditos Pendejos, a
los que siguió la actuación de un dj para seguir animando la fiesta.
Fuente: Diario de Ferrol

